De las aulas a la investigación


Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas, COBACH Plantel La Mesa y Unifront Colegio Ensenada.
Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.
En 2019, con cuestionarios en mano y permiso de las autoridades educativas, el equipo de investigación llegó a los salones de tres preparatorias de Tijuana: dos públicas y una privada. No llegamos a dar una conferencia. Llegamos a escuchar.
Cuatrocientos cincuenta y cuatro estudiantes de entre 14 y 19 años respondieron, con honestidad y de forma voluntaria, una serie de preguntas sobre cómo se sentían. No sobre sus calificaciones ni sus planes de vida. Sobre lo que pasaba dentro de ellos.
Este trabajo no habría sido posible sin la generosidad de quienes nos abrieron sus puertas. El Maestro Abyss Borboa Olivera nos facilitó el acceso a las aulas de la Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas. Agradecemos también la disposición del COBACH Plantel La Mesa y, en especial, a la Lic. Lizbeth Sánchez del Unifront Colegio Ensenada, cuya participación hizo posible contar con una muestra representativa de distintos contextos educativos de Tijuana. Su confianza en el valor de la investigación para la comunidad fue parte fundamental de lo que hoy podemos compartir.
AMORH: nacimos trabajando con adolescentes
AMORH nació en Tijuana, Baja California.
Antes de ser la clínica de psicoterapia para adultos que somos hoy, comenzamos en mayo de 2013 como una clínica de atención a niños y adolescentes con diversas condiciones del desarrollo y la conducta: déficit de atención, Trastorno Oposicionista Desafiante (anteriormente conocido como Trastorno Negativista Desafiante), síndrome de Tourette, entre otras. Jóvenes en modalidad de internamiento, con seguimiento clínico intensivo, hasta diciembre de 2015.
El protocolo que aplicábamos incluía una batería completa de pruebas psicológicas al ingreso y una segunda aplicación de las mismas pruebas seis meses después. No para medir el éxito de ningún terapeuta, sino para documentar qué cambiaba en cada joven a lo largo del proceso.
Lo que veíamos en esas mediciones apuntaba en una dirección consistente: al salir, los jóvenes rendían mejor que al entrar en tareas de atención, memoria de trabajo y razonamiento. Conviene decir con qué cuidado leíamos esos números. Una segunda aplicación del mismo reactivo a seis meses mejora en parte por familiaridad con la prueba, así que nunca los tratamos como evidencia de resultado clínico. Eran información de seguimiento, no un estudio.
Lo que sí sostenían era una observación que veíamos en consulta y en su día a día: cuando una mente deja de gastar energía en gestionar la angustia no resuelta, tiene más capacidad disponible para aprender y procesar.
Algunos de esos jóvenes hoy han terminado sus carreras universitarias. Otros han formado familias, emprendido proyectos, contribuido a sus comunidades. Jóvenes que aprendieron a responsabilizarse de sus pensamientos, sus emociones y sus acciones, y que hoy viven con mayor equilibrio. No porque sus circunstancias desaparecieron, sino porque aprendieron a trabajar con ellas.
Esa experiencia directa con adolescentes es la raíz de la investigación que compartimos aquí.

cofundadores de AMORH, Tijuana, Baja California.
¿Qué hicimos en el estudio?
El estudio fue realizado en 2019 y publicado en diciembre de 2023 en la revista científica internacional Atención Primaria (indexada en Scopus, Medline y PubMed). Fue elaborado por Psic. Melissa González-Rubio y Psic. Silverio De-La-Mora, cofundadores de AMORH, junto a investigadoras de la Universidad Autónoma de Baja California: la Dra. Guadalupe Delgadillo-Ramos, la Dra. Ana M. Valles-Medina y el Mtro. Héctor Caloca-Leon.
Participaron 454 estudiantes de tres preparatorias de Tijuana — dos públicas y una privada — con edades de entre 14 y 19 años. El instrumento que usamos fue la Escala Youth Self Report (YSR), parte del sistema ASEBA: un cuestionario de 112 preguntas validado científicamente y adaptado al español, que evalúa dos grandes categorías de señales emocionales y conductuales.
No es un diagnóstico. Es una fotografía que permite identificar a tiempo lo que merece atención.
Lo que encontramos
Las señales que se guardan por dentro
En psicología clínica llamamos a esto conductas internalizantes: lo que ocurre hacia adentro y no siempre se ve desde afuera. Incluye tristeza persistente, ansiedad, aislamiento social, y dolores físicos sin causa médica clara — el cuerpo hablando cuando las palabras no alcanzan.
Uno de cada seis jóvenes en nuestra muestra — el 15.6% — presentó señales en este rango. Las mujeres mostraron puntuaciones significativamente más altas que los hombres, especialmente en tristeza y ansiedad.


aislamiento social.
Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.
Las señales que se expresan hacia afuera
Las conductas externalizantes son las que sí se ven: agresión verbal, conductas de riesgo, búsqueda de atención a cualquier costo. Prevalencia casi idéntica: 14.8% de los jóvenes evaluados.
Una aclaración importante: que una conducta “se vea” no significa que sea más grave que la que no se ve. A veces las señales silenciosas son las que más necesitan atención.
El hallazgo más contundente: la estructura familiar importa
Al analizar los datos por tipo de familia, encontramos algo claro: los jóvenes que no viven con familia nuclear — es decir, que no tienen a mamá y papá bajo el mismo techo — tienen el doble de probabilidad de presentar señales hacia adentro, especialmente tristeza persistente.
Esto no es un juicio sobre ninguna configuración familiar. Es información. Las familias monoparentales, las familias extendidas, las familias reconstituidas — todas pueden generar entornos de apoyo genuino. Lo que el dato nos dice es dónde poner más atención, no qué tipo de familia es superior.
El dato que no puede pasarse por alto
El 11.6% de los jóvenes — más de uno de cada diez — reportó haber tenido pensamientos de hacerse daño. Sin diferencias significativas entre hombres y mujeres.
La adolescencia es el período de mayor vulnerabilidad para el desarrollo de estas señales, según la Organización Mundial de la Salud. No es dramatismo señalarlo. Es responsabilidad.
Y también esto
El 35% de los estudiantes ya había buscado apoyo psicológico al menos una vez. Los jóvenes de hoy saben que pedir ayuda es una opción. Eso no es debilidad — es criterio.
Lo que estos datos significan en la vida real
Un/a adolescente que se aísla progresivamente, que tiene dolores de cabeza o de estómago sin causa médica identificada, que perdió el interés por lo que antes le gustaba, que duerme mal o come diferente — no es un/a “adolescente difícil.” Son señales que merecen ser tomadas en serio, no normalizadas como “cosas de la edad.”
Lo mismo aplica del otro lado: un/a joven que desafía constantemente, que tiene explosiones de enojo desproporcionadas, que busca atención a través de conductas que generan conflicto — no está siendo rebelde por gusto. Algo no está resuelto por dentro, y la única salida que encuentra es hacia afuera.
Ambos patrones — el silencioso y el ruidoso — son mensajes. La pregunta no es cómo silenciarlos, sino qué están intentando decir.
Lo que los adultos cercanos pueden hacer
No hay fórmulas. Lo que sí hay son orientaciones con base clínica, derivadas tanto de la investigación como de años de trabajo directo con adolescentes.


Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.
1. Preguntar sin agenda Hay una diferencia entre “¿cómo te fue hoy?” y “cuéntame algo de hoy.” Las preguntas abiertas, sin un resultado esperado de antemano, abren conversaciones que las preguntas cerradas cierran antes de comenzar.
2. Respetar el proceso de construcción de identidad Un/a adolescente que prueba ideas distintas, que cambia de grupo, que cuestiona lo establecido — no está perdido/a. Está construyendo su criterio. El problema no es la exploración; es cuando esa exploración ocurre sin un adulto confiable cerca.
3. Diferenciar una fase de una señal La tristeza o la irritabilidad momentáneas son parte del desarrollo normal. Cuando persisten más de dos semanas, cuando afectan el sueño, el apetito, el rendimiento escolar o las relaciones importantes, ya no es una fase: es una señal que merece evaluación clínica.
4. No minimizar, no amplificar “Son cosas de la edad” minimiza y desconecta. “Todo va a estar bien” invalida lo que el joven siente en ese momento. Lo que funciona es más sencillo y más difícil a la vez: “Lo que sientes tiene sentido. No tienes que resolverlo solo/a.”
5. Saber cuándo buscar apoyo profesional No es rendirse ni exagerar. Es reconocer que hay situaciones que el amor solo — por genuino que sea — no puede resolver. Un proceso clínico con objetivos claros, seguimiento continuo y criterio compartido es diferente a “ir a que alguien te escuche.” Es trabajar con estructura.
Triunfar en sus propios términos


Imagen generada con inteligencia artificial con fines ilustrativos.
Los jóvenes que atendimos entre mayo de 2013 y diciembre de 2015 llegaron con diagnósticos, con historias difíciles, con circunstancias que podían haber determinado un camino muy distinto. Algunos no tenían familia nuclear. Varios venían de entornos con violencia, con pocas expectativas puestas sobre ellos.
Lo que aprendimos trabajando con ellos y ellas es algo que la investigación también confirma: las circunstancias no crean el destino de manera inevitable, pero tampoco se ignoran. Se trabajan. Con acompañamiento clínico, con objetivos observables, con un proceso que respeta la individualidad de cada joven.
El triunfo que buscamos para cualquier adolescente no es el que define un estándar social — no es la carrera más prestigiosa ni la vida que otros esperan. Es la capacidad de construir un camino propio desde la identidad, la autonomía y los deseos genuinos de cada persona. Eso es lo que un proceso clínico bien hecho ayuda a desarrollar: no el destino, sino la capacidad de elegirlo.
Una nota importante antes de cerrar
AMORH ofrece hoy psicoterapia exclusivamente para adultos. No atendemos a niños, niñas ni adolescentes en ninguna modalidad. Si estás buscando apoyo psicológico especializado para un/a joven, te recomendamos dirigirte a un servicio clínico con experiencia en población adolescente en tu ciudad.
Este artículo existe porque los adolescentes importan — y porque los adultos que los rodean tienen un papel real en su bienestar. Compartirlo es una forma concreta de ayudar.
Créditos del estudio
Autores: Psic. Melissa González-Rubio · Psic. Silverio De-La-Mora · Dra. Guadalupe Delgadillo-Ramos · Dra. Ana M. Valles-Medina · Mtro. Héctor Caloca-Leon
Afiliaciones: AMORH: Apoyo Multidisciplinario de Orientación a la Realización Humana, A.C., Tijuana, B.C., México · Facultad de Medicina y Psicología, Universidad Autónoma de Baja California
Agradecimiento especial: Mtro. Abyss Borboa Olivera · Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas · COBACH Plantel La Mesa · Lic. Lizbeth Sánchez · Unifront Colegio Ensenada.
Referencia: González-Rubio M, Delgadillo-Ramos G, Valles-Medina AM, Caloca-Leon H, De-La-Mora S. Internalizing and externalizing behaviors in high school adolescents in a northern border city of Mexico and their type of family. Atención Primaria. 2023;55(12):102743. Leer artículo completo (acceso abierto) → · Ver en Elsevier →
Las imágenes ilustrativas de este artículo fueron generadas con inteligencia artificial. La fotografía del equipo corresponde a los cofundadores de AMORH.




